Bolsa General, Análisis de bolsa y mercados | La deflación debe evitarse
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13 Nov 2008 La deflación debe evitarse

El 17 de junio pasado, el presidente del BCE Jean Claude Trichet, sorprendió al mundo con unas declaraciones en las que aseguraba ante los medios que el Banco Central Europeo no cambiaría el curso de su política monetaria, para ayudar a países de la zona euro con problemas económicos, como España, Irlanda o Portugal.

“Nuestra política monetaria tiene que ser óptima al nivel de toda la eurozona, igual que la FED (Reserva Federal estadounidense) no miraría los intereses de Misuri, California o Texas” aseveró el presidente del BCE.

Sin duda con la mente puesta en Alemania y Francia, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidió en su reunión del mes de julio, elevar los tipos de interés en un cuarto de punto porcentual hasta el 4,25%, contribuyendo a alimentar la crisis que ya se venía gestando desde hacía más de un año. Poco podía esperar el señor Presidente, en su ceguera, que Francia y Alemania estuvieran ya en ese momento entrando en recesión, por delante de España, Portugal y Estados Unidos.

El BCE, con monumental incompetencia, ha contribuido decisivamente a la prematura entrada en recesión de la eurozona en su conjunto, adelantando incluso a Estados Unidos, cuyos problemas de enorme gravedad, fueron los primeros en ser detectados y desencadenaron la crisis.

Los señores del BCE no reconocen haber cometido ningún error, a pesar de estar preocupados y tratar de atajar un rebrote inflacionario debido a un aumento transitorio de precios energéticos, alimentarios y de materias primas, como si de un recalentamiento de la economía se tratase. Eso mientras se estaba gestando la crisis más grave desde la del 1929, con  derivados tóxicos por amortizar en cantidades varias veces superiores al PIB del conjunto del planeta, que no podrían por menos de estrangular el sistema financiero, negando el oxigeno necesario para mantener el consumo, la inversión y las exportaciones, que constituyen el alimento imprescindible de la economía real.

Lo argumentamos en más de media docena de artículos, de todas las maneras posibles, dando razones irrefutables y adelantando la inminente caída del precio del petróleo, cuando estaba por encima de los 130 dólares y otros vaticinaban su próxima llegada los 200. La inflación no era el problema; era simplemente un espejismo que ocultaba la cara más fea de la crisis. La posible entrada en deflación.

Quien haya seguido lo que venimos publicando, habrá podido apreciar el enorme reto que supone para el sistema financiero mundial, la amortización de la ingente cantidad de derivados tóxicos extendidos por todo el planeta. Se van a necesitar enormes sumas de dinero fresco, para romper la asfixia que amenaza la vida de la economía real planetaria.

Los bancos centrales, manejan la base monetaria (dinero + reservas bancarias) que se había mantenido muy disciplinada antes del estallido oficial de la crisis en agosto del 2007. El problema creado por la explosión propiciada por la desregulación TOTAL de muchos derivados creados recientemente por la ingeniería financiera, que facultó la tremenda oferta monetaria (dinero + depósitos) juega ahora en su contra.

Se calcula que los bancos centrales han inyectado a la oferta básica desde agosto de 2007, cantidades que la han hecho crecer una cifra cercana al CUARENTA por ciento, pero esas cantidades sólo han sido capaces de cubrir una pequeña parte del desapalancamiento y amortización necesarios para compensar la bajada de valoración de los activos subyacentes hinchados previamente (a pesar de las voces que claman que es el dinero barato el causante de todos los males). El sistema financiero continúa aún medio atascado, sin servir a su propósito de alimentar la economía.

La noticia aparecida hoy en los periódicos sobre el cambio de idea del Tesoro estadounidense sobre el plan de rescate, es de una lógica meridiana. Los 700.000 millones de dólares disponibles, serían del todo insuficientes (como venimos manifestando), para contrarrestar los derivados tóxicos. Comprar acciones de bancos tiene la ventaja de que el aumento de capital multiplica -como poco por diez- el efecto sobre activos y además, da al Gobierno una palanca para forzar la concesión de préstamos a empresas y particulares.

Lo que está ahora en juego (y sería peligrosísimo) es la entrada en deflación. Las fuerzas que la apoyan son:

1º).-  El bloqueo parcial del sistema financiero, que niega el oxigeno necesario a la economía real, profundizando aún más la crisis y generando más paro y más problemas para el sector financiero, creándose así un ciclo que se realimenta con nefastas consecuencias. El descenso del consumo  creará exceso de capacidad productiva que contribuye al aumento del paro y consiguiente descenso de precios.

2º).- La tardanza del BCE y otros reguladores en bajar tipos. Ahora puede ser ya demasiado tarde. El miedo de la gente a las consecuencias de quiebras bancarias hace que guarden el dinero en sus casas, agravando la falta de liquidez. Además, con tipos muy bajos, el incentivo para arriesgar dinero depositándolo en el banco cuando puede quebrar, es menor, incentivando la alternativa de tenerlo debajo del colchón.La reactivación económica por la bajada de tipos, además de tardar más de 6 meses en notarse en la economía real, será sensiblemente menor.Sería necesario aumentar mucho más la oferta básica, incluso imprimiendo nueva moneda que podría ser manejada por los bancos centrales en cuentas especiales a cargo de bonos emitidos por los gobiernos.

En las actuales circunstancias, la cantidad de productos tóxicos a amortizar, es de tal magnitud que sólo contribuiría (en el mejor de los casos) a la inflación necesaria para alejar el fantasma deflacionario.

La deflación es mucho más peligrosa que la inflación en situaciones de crisis de la modalidad presente, porque eleva los tipos reales y aumenta el peso de las deudas, haciendo mucho más difícil la salida de la crisis y entrada en la senda del crecimiento.

La situación es ciertamente compleja. Los estímulos económicos quizá no sean una receta infalible, pero serán necesarios para tratar de paliar la profundización de la crisis, mediante un enérgico aumento del gasto público. Como en los incendios, cuanto antes se apliquen los remedios -eligiendo los objetivos con inteligencia- menores serán los costes implicados (no recomiéndanos gastar dinero en sectores o industrias obsoletos, hay que elegir con tino los objetivos).

Los estabilizadores automáticos de la red de protección social, tendrán sin duda un efecto beneficioso, pero limitado en el tiempo.

La historia ha demostrado sobradamente, que tratar de ahorrar en los primeros momentos de las crisis, tiene a la larga, costes económicos y sociales infinitamente mayores que, actuaciones decididas asumiendo costes por otro lado del todo inevitables.

Macrons analista macro y colaborador de BolsaGeneral.es


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