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16 Oct 2008 Buscando culpables de la crisis

La presente crisis ha puesto algunas cosas de manifiesto.

Señalábamos en “sobre importancia de reflexionar y cuestionarse los dogmas“, una de las más importantes. La falta de formación y sentido crítico de muchos comentaristas económicos y consecuentemente, del público en general. Aún se escuchan voces ultra-liberales, que con total desvergüenza, tratan de cargar al intervencionismo estatal y rigidez regulatoria, con la culpa de lo acontecido.
Claro que, no se puede esperar otra cosa, después de haber pasado tantos años defendiendo sandeces, por más atroces que los sean hechos.

De libro ha sido también el fallo de las agencias de Rating (Fitch, Moody´s, Standard and Poor´s…) atribuyendo calificaciones crediticias máximas a productos referenciados sobre hipotecas subprime (y asociados) que después, rebajaron de calificación bruscamente, ocasionando que instituciones y fondos de pensiones, obligados a invertir por ley en productos de máxima calificación, comprarán confiados primero y luego se vieran forzados a vender masivamente, precipitando la crisis.

Igualmente se han mostrado completamente inútiles las entidades auditoras, santificando sociedades asentadas sobre un barril de pólvora.

En ambos casos, hay un vicio de partida que ha pasado inadvertido o que…, cuando ha sido denunciado, lo fue con escaso éxito. La dependencia en su juicio del cliente que encarga Y PAGA el trabajo las hace sospechosas de favoritismo, potencialmente alterando y dulcificando los resultados.

Los hay que alegan que era difícil predecir el riesgo a que se encontraba sometido el sistema. Pobre escusa, porque ellos eran teóricamente los encargados de avisar a tiempo de los peligros y evitar así la catástrofe.
¿Qué otra es su función, sino? Para ello cobraran jugosas sumas.

Muchos gobernadores de bancos centrales, en cuyas manos está la responsabilidad de garantizar la solvencia del sistema, han fallado también, estrepitosamente. Citemos aquí una vez más, la incalificable torpeza del BCE, que ha sido incapaz de apreciar, a pesar del aluvión de datos sobre su mesa, la gravedad de la situación y ha continuado muchos meses echando gasolina sobre el incendio incipiente de la crisis, aplicando una política restrictiva de tipos, sólo justificable en recalentamiento económico, cuando era más probable una situación cercana a la deflación, que un aumento inflacionario persistente ¿Qué espera ahora para bajar más agresivamente los tipos?

Las autoridades, especialmente las europeas, han tardado también demasiado tiempo en orquestar una solución al problema acuciante de absoluta falta de liquidez y consiguiente agarrotamiento crediticio, que empujaba el sistema al borde del precipicio.

Detrás de todo está la moral imperante del todo vale si está permitido(o no me van a descubrir) con absoluto desprecio de la ética, no ya sólo religiosa, sino de la más elemental solidaridad y sentido de la justicia, en su acepción más profunda. La que resulta tan esquiva de materializar en leyes aplicables.

Como ejemplo, George W. Bush, vetó muy recientemente una ley que extendía la cobertura médica gratuita a cuatro millones de chicos y pobres, cuyo coste suponía, 35 millones de dólares en cinco años, pero despilfarra en defensa cantidades varios órdenes de magnitud superior, sin pestañear. Se trata del amiguísimo y no oirán ustedes criticas de tal medida que, antes bien, tacharán de atinada por ser despilfarro de fondos estatales, los mismos que se autoproclaman defensores de la libertad y la pública decencia.

Llevamos ya demasiado tiempo dando de mamar a las nuevas generaciones, tales comportamientos, que así, se ven ahora santificados por la opinión pública.

La sociedad necesita una urgente regeneración ética.

Pero estoy entrando en terreno cenagoso, termino pues, precipitadamente, antes de soltar alguna inconveniencia, que pueda herir la fina sensibilidad de los lectores ultra-liberales.

Macrons, analista macro y colaborador de Bolsa General.



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