Bolsa General, Análisis de bolsa y mercados | Agárrate a la brocha, que me llevo la escalera
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18 Abr 2008 Agárrate a la brocha, que me llevo la escalera

Las declaraciones del gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, criticando al Gobierno por medidas contra la crisis como el pago de 400 euros a cada asalariado, pensionista o autónomo y recomendando “evitar actuaciones discrecionales de aumento del gasto público o de reducción de impuestos que vayan más allá de la propia acción de los estabilizadores automáticos”, podrían ser interpretadas dentro del contexto de lenguaje institucional a que nos tienen acostumbrados los gobernadores del Banco de España.

Sin embargo, en esta ocasión, nuestro amigo Fernández Ordóñez ha ido, bastante más allá de lo que resultaría aconsejable para la credibilidad de la institución que representa.

Entra dentro de la ortodoxia del puesto, aconsejar prudencia a la hora de tomar medidas que puedan poner en peligro, la estabilidad a largo plazo, a cambio de beneficios a corto. Pero no es este, ni mucho menos, el caso.

Pedro Solbes, según reconocen incluso sus más aguerridos detractores, no destaca precisamente por ser amigo de las aventuras presupuestarias, como quedó sobradamente demostrado durante la pasada legislatura, que terminó con un superávit público del 2,23% del PIB.

Como hemos publicado, el Banco de España, al igual que los del resto de la eurozona, son simples ejecutores de las políticas decididas por el Banco Central Europeo, cuyas decisiones en política monetaria, impactan gravemente las atribuciones en política cambiaria, que según el Tratado de Maastricht, es responsabilidad de los Ministros de Economía de los respectivos países.

Banco Español de Crédito

En este sentido, España sí bien es cierto que ha resultado enormemente beneficiada por la estabilidad proporcionada con su incorporación a la zona euro, también lo es que ha resultado impactada por los problemas asociados.

El épocas de crecimiento, caso del larguísimo ciclo al que acabamos de asistir, España ha tenido un crecimiento excesivo (economía recalentada) que no ha podido ser evitado, porque se carecía del mecanismo cambiario (subida de tipos) requerido para enfriar la economía.

Se usaron adecuadamente las políticas fiscales y, para decirlo todo, no se invirtió lo necesario en investigación y desarrollo, perdiéndose competitividad y dándose prioridad excesiva al segmento constructor- inmobiliario. La tentación era grande, por su impacto en crecimiento y empleo. La voz del Banco de España, pidiendo cambios entonces, estaba perfectamente justificada. Es más, era necesaria.

En el momento actual, cuando la situación española está sufriendo las consecuencias de una crisis importada de Estados Unidos, que amenaza convertirse en global y habiendo ya comenzado a desinflarse nuestra burbuja inmobiliaria (insostenible de todo punto), las advertencias del señor gobernador resultan superfluas.

Sin la posibilidad de bajar tipos, para reactivar la economía, ni la de devaluar la moneda (y con un euro tremendamente sobre valorado), pocas alternativas quedan en manos del Gobierno.

Debemos felicitarnos de que la situación de superávit fiscal, nos permita adoptar medidas de reactivación; margen de maniobra imposible de otro modo.

Según las diversas estimaciones oficiales, el crecimiento se desacelerará hasta cifras entorno al 2% (coincidente con lo que adelantamos en su día).
Según el Instituto de Economía Mundial de Kiel el paro en nuestro país subirá, el año, al 8,7% (9% en 2009).

En esas circunstancias, es claro que (como en el caso eurozona) no estamos precisamente en una situación de economía recalentada, aunque la inflación esté disparada (3,6%, máximo desde el nacimiento de la eurozona).

La actuación del Gobierno, no es contraproducente, sino NECESARIA.

Desgraciadamente, nuestra economía se verá seriamente impactada, no sólo por la crisis importada, que ya ha contagiado el sector inmobiliario y crediticio. Además, la falta de competitividad, traducida en exportaciones de bajo valor añadido, que son las más sensibles a la fortaleza del euro, harán que el sector exterior sufra considerablemente, dificultando aún más los problemas de nuestra balanza por cuenta corriente.

Una actuación de estimulo rápido es imprescindible.

Como decíamos ayer, hay que aprender de la historia.

En la gran Depresión, las políticas proteccionistas seguidas de una fe ciega en los mecanismos del mercado para regularse a sí mismo, soportada por el Presidente Herbert Clark Hoover, contribuyeron no sólo a perder cuatro años, sino a profundizar la crisis de tal modo que, para enmendarlo, se requirió el tesón y la habilidad de Franklin Delano Roosevelt, con grandes inversiones públicas.

Es de sentido común. En los incendios, cuanto antes se actué para sofocarlos, más económicos serán los medios requeridos y menos dramáticas sus consecuencias.

Miguel Angel Fernández Ordóñez, de cuya competencia podemos dar fe, haría bien en trasladar a sus colegas del BCE las siguientes cuestiones:

¿Por qué, si como se deduce de su insistencia de mantener los tipos o incluso subirlos, la economía de la eurozona está recalentada, se ha comenzado ya a deteriorar la actividad y se predice un crecimiento del 1.8% para el año, reconociéndose, además, la evidente sobre valoración del euro, y adicionalmente se interviene inyectando masivamente liquidez para evitar el bloqueo del sistema crediticio?

¿No será más verdad, que como muestran nuestros modelos, el dinamismo de la actividad no sea la causa, sino la subida de las materias básicas, petróleo y alimentos, alimentadas por flujos monetarios, rabiosamente especulativos, empujados precisamente (y que empujan) por la fortaleza del euro frente el dólar, propiciada por la falta de coordinación entre las políticas del BCE y la FED?
Cada instante resulta menos verdad que nos encontramos en fases TAN diferentes del ciclo, a tal punto, que nos atrevemos a vaticinar que, de seguir las cosas así, Estados Unidos retornará (1,6 a 3 años) a la senda de crecimiento sostenido, cuando Europa todavía se encuentre sumida en su crisis.

Pero nos conformaremos con que no le quite usted la escalera al señor Solbes, porque lo más probable sería, que nos diéramos de cruces contra el pavimento, agarrados a la solida brocha de unos tipos de interés como demanda el mismísimo Jean-Claude Trichet, siguiendo la más estrictas de las ortodoxias.
Macrons analista macro



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