A. Comparativa con los países de mayor renta per cápita de la Eurozona.

Ahora bien, fijarse en los tipos marginales máximos no nos proporciona demasiada información acerca de la estructura de tipos impositivos que soporta la inmensa mayoría de la población. Es necesario, pues, pasar a considerar la estructura de los gravámenes para obtener una comparativa internacional más fidedigna a propósito del IRPF. Somos conscientes de que este método tampoco está exento de problemas, por cuanto no recoge la estructura general del impuesto en cada uno de los países (con sus no sujeciones, exenciones, deducciones, sistemas de tributación conjunta, etc.), pero en cualquier caso sí nos proporciona mucha más información que el anterior.

Pues bien, fijándonos en los distintos tramos internacionales del IRPF –considerando como primer tramo el mínimo exento en cada legislación tributaria, si lo hubiere–, podemos concluir que, tras la reciente reforma fiscal del Gobierno del PP, España se ha convertido en uno de los países europeos con los tipos impositivos del IRPF más elevados. Hasta la aplicación del “recargo solidario”, el IRPF español era equiparable al de los grandes países de nuestro entorno, como Francia, Alemania, Reino Unido e Italia. Aunque hubiese diferencias en la extensión de los tramos y en los tipos aplicables, la estructura de los distintos gravámenes presentaba un perfil similar.

Si de algo cabía acusar al IRPF español era de ser relativamente elevado con respecto al de nuestros vecinos: no sólo porque en varios de los tramos (sobre todo los intermedios) ya era el más alto de todos, sino porque nuestra menor riqueza relativa justificaría unos impuestos mucho más moderados que incentivaran una mayor acumulación interna de capital, así como una mayor atracción de capitales extranjeros.
En el siguiente gráfico podemos visualizar la evolución de los tipos impositivos para diversos países de Europa. Conviene aclarar que la división de los tramos contenidos en el eje horizontal del gráfico no se ha realizado a una escala constante para que el lector pueda apreciar de manera más clara todos los saltos de tramo, muchos de los cuales quedarían prácticamente ocultos en caso contrario.

Con el reciente aumento de los tipos impositivos, sin embargo, España ya ostenta el dudoso honor de ser el gran país europeo con un IRPF más elevado para todos los tramos del impuesto.


La siguiente tabla-resumen, si bien inexacta por cuanto en aras de la simplicidad hemos optado por colocar en cada país el tipo impositivo más representativo dentro de cada uno de los tramos estandarizados, sirve para comprobar lo llamativo y preocupante del caso español.

1 El tramo entre 8.004 y 52.884 euros del impuesto sobre la renta alemán aumenta linealmente con la renta entre el 14% y el 42%. Hemos intentado reproducir el efecto en nuestra tabla-resumen.

Algo parecido acaece si, en lugar de la base general, pasamos a considerar los tipos impositivos sobre la base del ahorro.

En este caso, España deja de tener unos tipos impositivos relativamente competitivos frente a los países de su entorno –pese a que ya eran demasiado elevados para captar el suficiente ahorro interno y externo que necesitamos– y pasa a tener unos gravámenes convalidables con los de Reino Unido y Alemania. Teniendo en cuenta las dificultades que atraviesa la economía española y su enorme dependencia del ahorro para mantenerse en funcionamiento –sobre todo cuando la comparamos con otras como la alemana–, la decisión de gravar a las menguantes rentas derivadas del ahorro con unos tipos equiparables a los de nuestro entorno más rico y competitivo sólo puede generar una peligrosa fuga de capitales que dificultará mucho más nuestra recuperación.

B. Comparativa con los países nórdicos.

Pero la subida de impuestos del Partido Popular no sólo nos ha alejado de los algo más bajos gravámenes de la Europa rica –sobre todo, por lo que respecta a la base general–, sino que nos ha acercado a aquellos países europeos con unos impuestos más elevados: los nórdicos. El siguiente gráfico ilustra perfectamente que, a efectos de los tipos impositivos sobre las rentas del trabajo, España ya es una socialdemocracia nórdica más; de hecho, una socialdemocracia nórdica de las tributariamente más voraces.

España padece unos impuestos notablemente más elevados que los de Noruega y muy parecidos a los de Finlandia e incluso Suecia (a la que llega a superar en algunos tramos), cuando obviamente los servicios que recibimos del Estado son notablemente inferiores y peores, entre otras cosas porque nuestro sector privado (del que se nutre el público) es mucho menos rico. Más bien, España soporta unos impuestos nórdicos para conseguir mantener el despilfarro político acumulado durante generaciones.
De nuevo, la siguiente tabla-resumen, con idénticas simplificaciones que la anterior, servirá para ilustrar numéricamente nuestra situación:

Sólo en el caso de las rentas del capital podemos decir que nuestra tributación es ligeramente más moderada que en los países nórdicos (28% en Noruega y Finlandia y 30% en Suecia), lo cual ni mucho menos justifica su reciente incremento, por cuanto se ha comentado con anterioridad: en estos momentos de crisis, nuestro país es mucho más dependiente del ahorro y nuestro mercado empresarial va resultando cada vez menos atractivo para los inversores.

Continuará…


Informe extraído de Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana 23 de Enero del 2012.