Buscando culpables de la crisis
La presente crisis ha puesto algunas cosas de manifiesto.
Señalábamos en “sobre importancia de reflexionar y cuestionarse los dogmas“, una de las más importantes. La falta de formación y sentido crítico de muchos comentaristas económicos y consecuentemente, del público en general. Aún se escuchan voces ultra-liberales, que con total desvergüenza, tratan de cargar al intervencionismo estatal y rigidez regulatoria, con la culpa de lo acontecido.
Claro que, no se puede esperar otra cosa, después de haber pasado tantos años defendiendo sandeces, por más atroces que los sean hechos.
De libro ha sido también el fallo de las agencias de Rating (Fitch, Moody´s, Standard and Poor´s…) atribuyendo calificaciones crediticias máximas a productos referenciados sobre hipotecas subprime (y asociados) que después, rebajaron de calificación bruscamente, ocasionando que instituciones y fondos de pensiones, obligados a invertir por ley en productos de máxima calificación, comprarán confiados primero y luego se vieran forzados a vender masivamente, precipitando la crisis.
Igualmente se han mostrado completamente inútiles las entidades auditoras, santificando sociedades asentadas sobre un barril de pólvora.
En ambos casos, hay un vicio de partida que ha pasado inadvertido o que…, cuando ha sido denunciado, lo fue con escaso éxito. La dependencia en su juicio del cliente que encarga Y PAGA el trabajo las hace sospechosas de favoritismo, potencialmente alterando y dulcificando los resultados.
Los hay que alegan que era difícil predecir el riesgo a que se encontraba sometido el sistema. Pobre escusa, porque ellos eran teóricamente los encargados de avisar a tiempo de los peligros y evitar así la catástrofe.
¿Qué otra es su función, sino? Para ello cobraran jugosas sumas.
Muchos gobernadores de bancos centrales, en cuyas manos está la responsabilidad de garantizar la solvencia del sistema, han fallado también, estrepitosamente. Citemos aquí una vez más, la incalificable torpeza del BCE, que ha sido incapaz de apreciar, a pesar del aluvión de datos sobre su mesa, la gravedad de la situación y ha continuado muchos meses echando gasolina sobre el incendio incipiente de la crisis, aplicando una política restrictiva de tipos, sólo justificable en recalentamiento económico, cuando era más probable una situación cercana a la deflación, que un aumento inflacionario persistente ¿Qué espera ahora para bajar más agresivamente los tipos?
Las autoridades, especialmente las europeas, han tardado también demasiado tiempo en orquestar una solución al problema acuciante de absoluta falta de liquidez y consiguiente agarrotamiento crediticio, que empujaba el sistema al borde del precipicio.
Detrás de todo está la moral imperante del todo vale si está permitido(o no me van a descubrir) con absoluto desprecio de la ética, no ya sólo religiosa, sino de la más elemental solidaridad y sentido de la justicia, en su acepción más profunda. La que resulta tan esquiva de materializar en leyes aplicables.
Como ejemplo, George W. Bush, vetó muy recientemente una ley que extendía la cobertura médica gratuita a cuatro millones de chicos y pobres, cuyo coste suponía, 35 millones de dólares en cinco años, pero despilfarra en defensa cantidades varios órdenes de magnitud superior, sin pestañear. Se trata del amiguísimo y no oirán ustedes criticas de tal medida que, antes bien, tacharán de atinada por ser despilfarro de fondos estatales, los mismos que se autoproclaman defensores de la libertad y la pública decencia.
Llevamos ya demasiado tiempo dando de mamar a las nuevas generaciones, tales comportamientos, que así, se ven ahora santificados por la opinión pública.
La sociedad necesita una urgente regeneración ética.
Pero estoy entrando en terreno cenagoso, termino pues, precipitadamente, antes de soltar alguna inconveniencia, que pueda herir la fina sensibilidad de los lectores ultra-liberales.
Macrons, analista macro y colaborador de Bolsa General.
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13 Comentarios en “Buscando culpables de la crisis”





Hace unos días, comentaba que la causa real de la falta de liquidez que atenazaba el mercado, estaba mucho más en la necesidad de los bancos de efectivos, que en la desconfianza entre instituciones bancarias. Quien precisa para su uso urgente, difícilmente prestará a otros y menos barato.
Citaba los problemas que estaba ocasionando la práctica contable exigida de actualizar los activos a su valor de mercado, que durante la burbuja especulativa, hinchó dicho valor, pero ahora estaba generando a una espiral muy dañina para las instituciones bancarias.
Pues bien, la Unión Europea acaba de aprobar por unanimidad, la revisión de las normas contables vigentes, que obligaban a valorar los activos por su valor de mercado, y forzaba a los bancos a ecualizar con carácter inmediato.
Esa exigencia fue también modificada al otro lado del Atlántico, para así mitigar las turbulencias que su actuación ocasionaba por ventas masivas para cubrirlas, que alimentaban aún más su caída, creando un círculo vicioso.
La medida permitirá que las acciones, bonos y otros productos clasificados como negociables y que debían actualizarse rápidamente a su valor de mercado, sean ahora tratados como las los productos de inversión a largo plazo, evitando acrecentar más aún las turbulencias.
Quedan flecos pendientes de solucionar como los seguros y productos ligados a ingeniería financiera.
Saludos
Los bancos centrales, culpables
La actual crisis financiera que azota a los mercados de medio mundo tiene su origen en la política monetaria expansiva que han llevado a cabo los bancos centrales, en este caso, la Reserva Federal (FED) y el Banco Central Europeo (BCE).
La fijación arbitraria de tipos de interés ( al que llamamos intervencionismo, no liberalimo)artificialmente reducidos durante los últimos años ha incentivado la adquisición de un elevado endeudamiento por parte de bancos, empresas y particulares.
En este sentido, el estallido de las hipotecas subprime en EEUU el pasado verano tan sólo constituye la punta del iceberg del particular castillo de naipes que, basado en la concesión del crédito fácil, ahora comienza a derrumbarse. Sin embargo, pese a las evidencias del diagnóstico, los expertos y, en general, los gobiernos de toda clase y condición, culpan nuevamente al libre mercado de la tormenta que ellos mismos han creado.
Pese a que la historia se ha encargado de demostrar una y otra vez que el desarrollo económico y el bienestar social tan sólo es posible bajo el paraguas de una economía de libre mercado, el sector financiero en su conjunto padece una regulación estatal extrema y se mantiene bajo el férreo control que ejercen desde hace décadas los bancos centrales. Un órgano planificador por excelencia que rige el destino del crédito, la moneda y el mercado bursátil del sistema financiero internacional.
El tipo de interés, al igual que la función que ejerce el precio entre la oferta y la demanda, constituye el principal indicador de referencia en el mercado de bienes presentes y futuros. Así, fija el precio que se ha de pagar para obtener hoy un número determinado de dinero con carácter inmediato a cambio de devolver una suma mayor en el futuro.
Sin embargo, el precio del dinero no surge en este caso como consecuencia del libre mercado, basado a su vez en las oscilaciones entre ahorro y crédito, sino que responde a las decisiones políticas de los banqueros centrales. Los bajos tipos de interés, reducidos artificialmente, han impulsado un exceso de liquidez mediante la concesión de préstamos asequibles. La política de los bancos centrales ha reducido la percepción de riesgo que conlleva toda inversión, propiciando un excesivo apalancamiento en proyectos a largo plazo de dudosa solvencia. Los pinchazos de las burbujas inmobiliarias en EEUU, España o en el Japón de los años 90 son un buen ejemplo de ello.
Pero lejos de rectificar, los organismos reguladores del mercado financiero optan ahora por culpar a los agentes que sirvieron de meros transmisores de una política crediticia errática. Las agencias de calificación de riesgos (rating) han terminado por convertirse así en las cabezas de turco de la crisis subprime. No cabe duda de que han cometido errores, tal y como muestra la depreciación de activos que, recientemente, vienen aplicando a emisiones de deuda que hasta ahora contaban con la máxima calidad y garantía crediticia (AAA), pero los auténticos culpables de la situación (esto es, los bancos centrales) permanecen impunes.
Los anuncios de mayor regulación y transparencia financiera avanzan una nueva oleada de intervencionismo gubernamental sobre los mercados financieros. De hecho, el Gobierno de EEUU e, incluso, la UE, barajan incluso la posibilidad de restringir la inversión en el mercado bursátil de materias primas con el fin de atenuar el encarecimiento del petróleo y de los alimentos. Como si la imposición de un determinado precio máximo en ciertos productos lograra su abaratamiento por arte de magia. Pregunten si no al régimen comunista de Cuba o al de Venezuela.
Al igual que acontece con toda enfermedad, un diagnóstico correcto resulta crucial para recuperar la salud perdida. Atentos, pues, a todas aquellas voces que hoy increpan contra el “libre mercado”, el “capitalismo salvaje” y el “liberalismo radical”, ya que son las excusas bajo las que se esconderán los verdaderos culpables de la crisis económica, tanto de la actual como de las que tengan lugar en años venideros.
De este modo regresaríamos, muy probablemente y de manera espontánea, a un patrón oro internacional, que pondría coto a las expansiones crediticias insostenibles y a las malas inversiones generalizadas. Pero para ello la profesión económica debe reconocer su responsabilidad intelectual por haber dado apoyo a casi un siglo de doctrinas nefastas y anticientíficas, ya sea por pura ignorancia o por pura alianza con el establishment político, y regresar a principios monetarios liberales. En caso contrario, los políticos, al estilo de los monarcas absolutistas, seguirán reteniendo el poder de envilecer la moneda con el respaldo de teorías económicas caducas.
Por eso los liberales entre los que me encuentro apostamos por la vuelta al patron oro, y no solo los que seguimos la escuela austriaca ( que por cierto es la unica que tiene una teoría de los ciclos economicos) sino también se esta sumando otras voces
Trichet pide volver a Bretton Woods
Primero fue Greenspan quien pidió regresar al patrón oro o algún sistema análogo y ahora Trichet solicita volver a Bretton-Woods, un patrón oro sui generis:
Quizá debamos volver a Bretton-Woods, a la disciplina. Porque parece claro que los mercados financieros necesitan disciplina: macroeconómica, monetaria y de mercado. (…) La reciente crisis es en parte consecuencia de la desregulación que ocurrió después del abandono de Bretton-Woods.
Vamos, lo que algunos venimos diciendo desde hace tiempo. Volver a Bretton-Woods sería, sin duda, un paso en la buena dirección. Un patrón oro a pequeña escala que, sin ser lo ideal, sería muy superior al sistema fiduciario actual.
Para que aclaremos qué significa Bretton-Woods conviene tener presente que hay muchos tipos de patrón oro, que van de una mayor a una menor disciplina:
- Convertibilidad en oro de los billetes emitidos por el banco central y circulación (libertad de acuñación) de monedas de oro.
- Convertibilidad en oro de los billetes.
- Convertibilidad limitada en oro (sólo en lingotes) de los billetes.
- Convertibilidad en oro de los billetes sólo para bancos centrales extranjeros.
- Convertibilidad en oro sólo de un tipo de billete y para los bancos centrales extranjeros (Bretton-Woods)
- Mantenimiento de reservas de oro respaldando los billetes pero sin posibilidad de conversión (sistema actual).
Aunque existen muchos grises y posiciones intermedias (por ejemplo, estableciendo controles a las exportaciones e importaciones de oro) en la anterior clasificación, la máxima disciplina monetaria se logra cuando cualquiera puede convertir sus billetes en oro acudiendo a la ventanilla del banco central (es decir, cuando los billetes cumplen su función originaria de pagarés en oro) y la menor disciplina, cuando los pagarés en oro (billetes) se impagan.
Bretton-Woods impone una convertibilidad limitada. Sólo los bancos centrales extranjeros pueden acudir a la Reserva Federal para exigir la conversión de sus tenencias de dólares en oro. Pero al menos, la Fed responde ante alguien y no puede expandir continuamente sus pasivos sin, al mismo tiempo, aumentar en cantidad y calidad sus activos (oro).
Desde luego, soy partidario de volver a la plena convertibilidad de los billetes en oro y en volver a abrir las casas de acuñación. Sólo así pondremos coto a expansiones crediticias descontroladas como las que hemos vivido en los últimos años.
Por cierto, es curioso que los banqueros centrales reclamen un cierto regreso al patrón oro. Quienes consideran errónea esta idea parece que pronto tendrán que hacer campaña para echar a Trichet. Al fin y al cabo, si un banquero central considera que no puede hacer bien su trabajo sin el oro como reserva, o es un ignorante o está en lo cierto. En el primer caso, Trichet sobra; en el segundo, lo que sobra es el sistema fiduciario actual. Interesante disyuntiva.
Diferencias con La Crisis de 1929 y la Década Perdida de Japón(1990-2000)
Por Francisco García Parames director de Bestinver( el Warren Buffet europeo)
Por otra parte esta crisis no es similar a la de 1929 ni a la japonesa de 1990-2000. En los años 30 en EEUU no se permitió funcionar al mecanismo de ajuste. La bajada de precios de los productos no estuvo acompañada de una bajada de los salarios (no se permitió por parte del gobierno), provocando la quiebra de un número enorme de empresas. Afortunadamente parece que ahora no se está cometiendo el mismo error, permitiendo que el sector inmobiliario encuentre el precio adecuado (ya ha caído un 20% desde máximos).
En Japón también se intentó retrasar el proceso de ajuste intentando esconder el problema; pero el grado de sobrevaloración de los activos, tanto bursátiles (PER 60) como inmobiliarios era tan grande, que inexorablemente tuvieron que caer.
Para el inversor que quiera profundizar en todo ello, es recomendable la lectura de los escritos de los numerosos economistas llamados de “la Escuela Austriaca”, como Hayek, Von Mises, Rothbard o el español Huerta de Soto, que no sólo explican las crisis económicas con claridad, sino que fueron capaces de anticipar lo que ocurrió en 1929 (caso de Hayek).
Por ultimo resultaría imprescindible que la valoración de las empresas y el análisis sobre su viabilidad a largo plazo cuenten con el asesoramiento de expertos en inversión en valor (value investment) y con economistas de la Escuela Austriaca. Sólo ellos disponen de los instrumentos teóricos necesarios para distinguir entre buenas y malas inversiones según su capacidad para generar valor a largo plazo.
Los expertos en value investment aportan las herramientas para conocer qué activos empresariales están sobrevalorados y cuáles por el contrario están infravalorados y serán capaces de generar abundantes flujos libres de caja en el medio y largo plazo. Los economistas de la Escuela Austriaca ofrecen un marco teórico sólido sobre cuál va a ser la evolución futura de la crisis, a qué sectores empresariales afectará en mayor medida y cuáles deberían ser las condiciones institucionales para que ciertas compañías experimentaran una más rápida recuperación en su creación de valor.
Largoplazo,
Como he escrito ya en más de una ocasión, no creo que los bancos centrales, bajando el tipo de interés de referencia, sean los culpables de la burbuja especulativa.
Alan Greenspan mantuvo en estados Unidos los tipos de interés de referencia que demandaba la situación económica en cada caso, subiéndolos en los recalentamientos y volviendo a bajar cuando así lo requería la situación, para reactivar la economía.
Bill Clinton se encontró una situación de déficit fiscal desastrosa, heredada del padre del actual presidente. Al final de su segundo mandato, el déficit era fuerte superávit, que en poco tiempo, la nefasta gestión de los republicanos, había transformado una vez más en fuerte déficit, a pesar de la relativa bonanza económica. Eso sí, había bajado sensiblemente los impuestos de los más poderosos, transfiriendo la factura a los mas débiles.
El mito actual de echar toda la culpa a Greenspan fue propagado por nos neocons norteamericanos, porque se opuso (si bien de modo muy poco ruidoso) a los excesos fiscales de actual presidente adelantando lo que sucedería con el déficit fiscal. Toda una traición, siendo republicano.
La Reserva Federal, como el BCE, sólo fija el tipo de interés de referencia nominal. Si se equivoca en sus estimaciones y se produce un recalentamiento económico, la inflación sube. Una prueba contundente de la falsedad del mito, es que Estados Unidos vivió con Clinton un ciclo inusualmente largo de inflación excepcional mente baja, combinado robusto crecimiento económico y tasas de paro también, históricamente bajas.
Los neocons que propalan ese mito carecen ya de toda credibilidad (aunque controlan la mayoría de los medios de comunicación de masas). Para ellos las altas tasas de paro, con los enormes costes de sufrimiento y pérdida de riqueza que ocasionan, son convenientes, porque el factor humano en el fondo, no les preocupa absolutamente nada. Ellos ven los parados, como una oportunidad excelente de abaratar el factor trabajo.
La culpa de la situación a la que se ha llegado es la falta absoluta de referencias éticas y la desvergüenza como motus operandi de los yuppies, que han copado los puestos clave de las empresas, buscando resultados al cortísimo plazo sin preocuparse de la creatividad, innovación, el esfuerzo y sacrificio o del trabajo bien realizado. Los altísimos ejecutivos de muchas grandes multinacionales (los he conocido), suplen su desconocimiento y falta de visión, con una sobrecapacidad para reducir sus plantillas. No son creadores de riqueza; son destructores de puestos de trabajo. No son desde luego, reales empresarios.
Añadamos los despropósitos vividos en la banca de inversiones, siguiendo el modelo de los cinco grandes norteamericanos, con su explosión de servicios asociados a la ingeniería financiera, recalquémoslo, aprovechando la MUY ESCASA REGULACIÓN, de ese segmento bancario, que ha sido el detonante ultimo (pero no la causa real) de la crisis.
No es que la vivienda sea tampoco el problema, pero si es un síntoma importante. La constitución garantiza una vivienda. El crédito abundante, debería haber sido aprovechado hace ya muchos años para abordar políticas de vivienda digna en alquiler, a precios asequibles, para todos aquellos que las necesitaran. En lugar de ello, se potencia la moral del dinero fácil; del todo vale y del pelotazo, constituyéndose el suelo como un activo para financiar los ayuntamientos y enriquecimiento de unos pocos en cuestión de semanas, con la bendición general y reconocimiento social de gente que son, simplemente, unos golfos, por más que sus acciones sean perfectamente legales.
Podrán empeñarse en vender la moto de la culpabilidad de Greenspan, pero ni ellos mismos se creen semejante patraña. Como tampoco se creen aunque lo finjan, la patraña de los mercados funcionando eficientemente, TOTALMENTE desregulados.
Saludos.
Pues amigo macrons la escuela austriaca de econmía estando a la cabeza delpremio nobel de economía Hayek( que se consideraba liberal y esta encontra del intervencionismo) fueron los unicos en predecir la crisis de 1929 y sus discípulos desde 2006 vienen avisando de la crisis actual, pese que muchos en USA no se creía que el precio de la vivienda podría desplomarse, y dispararse el impago de las hipotecas. Y es que son los únicos que tiene un estudio demostrado de los ciclos económicos de ahi que no solo yo recomiende la lectura de sus libros, sino García Parames tambien lo recomienda para entender bien la evolución de los ciclos y porque se produce la burbujas.
Mire este Video:http://es.youtube.com/watch?v=DVtT6spfffI
Es un video de Peter Schiff (asesor económico de Ron Paul) a finales de 2006 en un debate frente a más de 1000 inversores hipotecarios. Ahora que parece que para todo el mundo era evidente lo que iba a pasar, conviene repasarlo.
Fijaos cómo todo el mundo se ríe en el video de que la burbuja pueda pinchar, de que ello vaya a causar grandes consecuencias para la economía.
Paradigma neoclásico frente a paradigma austriaco. Errores frente a aciertos. Y, por cierto, los mismos que se reían de Schiff son los que siguen sin entender nada de la crisis actual. Resumen de la crisis: http://www.juandemariana.org/estudio/1996/cuarto/trimestre/2007/
¿Qué ha pasado en Islandia?
Supongo que muchos de vosotros estaréis (estaremos) sorprendidos por la magnitud del desastre económico que se está viviendo en Islandia y os preguntaréis por qué ha sucedido. Especialmente por aquello de las barbas del vecino y el remojo de las propias.
Bueno, básicamente en Islandia ha ocurrido lo mismo que en el resto del mundo: sus bancos se han endeudado a corto plazo y han invertido a largo. Con una salvedad, la reducida población del país les ha llevado a captar pasivo en el extranjero para ampliar sus operaciones. Operaciones que iban dirigidas tanto a prestar a los extranjeros como a prestar a los nacionales para que vivieran con cargo a la deuda (de ahí su enorme déficit exterior).
¿Qué significa esto? Bueno, ya hemos visto que el problema de la transformación de plazos es que el sistema bancario se vuelve ilíquido, de modo que las deudas vencen mucho antes que los activos y la venta precipitada de estos no permite recuperar el importe invertido. En el caso de Islandia, el problema no era sólo que sus deudas vencieran a corto, sino que además vencían en un importe muy importante en moneda extranjera. El pasivo bancario de los nacionales era de 4 billones de coronas y el de los extranjeros de 8 billones.
Si los plazos hubiesen estado casados, las divisas que habría obtenido con la maduración de sus activos extranjeros le habrían permitido repagar sus deudas extranjeras (al menos parcialmente, ya que su déficit externo se lo tendrían que haber comido igualmente).
Todo esto funcionaba bien mientras el interbancario no estuviera alterado, ya que día a día podían captar divisas extranjeras en la cantidad que requerían. Cuando el interbancario empezó a enfriarse, los bancos empezaron a ofrecer cantidads crecientes de coronas para captar las divisas extranjeras que necesitaban. El Banco Central trató de defender la cotización de la corona colocando los tipos de interés del país en el 15%, con el propósito de captar pasivo en forma de divisas extranjeras (convierto mis euros en coronas para ganar un 15%).
Pero obviamente, en los últimos meses esto dejó siquiera de funcionar. El Estado nacionalizó los bancos para garantizar sus pasivos, pero estos son unas 10 veces superiores al PIB, de modo que era poco más que una declaración de buenas intenciones.
Y encima, con el abultado déficit exterior que difícilmente puede reducirse a corto plazo (debido a la mala configuración de la estructura productiva como consecuencia de la transformación de plazos), la corona no deja de depreciarse frente al resto de monedas.
El Banco Central no pinta nada ya que, por mucha liquidez que trate de inyectar, no puede captar divisas extranjeras para prestar a sus bancos y a sus habitantes, que son las que necesitan.
En definitiva, todas las intervenciones han fracasado: ni el Estado ni el banco central pueden hacer nada. Ahora sólo les queda acudir a prestamistas internacionales como Rusia o el FMI. El papel moneda, en estos momentos, no sirve de nada.
¿Puede pasar esto en España? Bueno, hay dos diferencias importantes: a) el sector bancario es mucho menos grande y b) casi todas nuestras deudas son en euros. Por tanto, en principio, el Gobierno puede controlar una quiebra bancaria mejor que en Islandia y el banco central puede emitir tantos euros como sean necesarios para garantizar la devolución de los depósitos.
Esto, en principio, claro. Si nos fijamos, lo que ha hecho el Banco Central islandés en última instancia ha sido colocar los tipos de interés en el 3,5%, proporcionando abundante liquidez contra casi cualquier activo de la banca islandesa y el Gobierno ha nacionalizado los bancos. La consecuencia ha sido una brutal depreciación de la moneda, lo que para una economía importadora equivale a una especie de hiperinflación. Es la delgada línea entre una deflación de activos de una hiperinflación. Al final los bancos mueren y con ellos el banco central y el Gobierno, con lo que sus pasivos (la moneda) pasan a cotizar con un descuento brutal (hiperinflación).
Pero en Occidente, del mismo modo que se ha verificado una depreciación de la corona, la sustitución de los pasivos de los bancos comerciales por nuevos pasivos gubernamentales y del banco central sólo diluirá enormemente el valor de sus monedas nacionales. Si de momento no ha ocurrido es porque los Gobiernos no se ha visto forzados a rescatar a un sistema bancario entero. Llegado el caso, sin embargo, todo sería en vano. Los que quieren destruir la moneda para salvar a la banca deben entender que la muerte de la primera equivale a la destrucción de los intercambios, del mercado y de los activos de renta fija nominados en esa divisa, es decir, de las tres materias primas esenciales para el negocio bancario.
De ahi que los liberales o austriacos queramos el patrón oro para evitar un papel moneda que tiene respaldo de un ciclo productivo que si lo tiene el oro que no se devalua, como lo hace el papel moneda.
Saludos
Amigo Largoplazo,
Con todos mis respetos tus tesis rotundas no me impresionan.
Hagamos un poco de historia. Friedrich August von Hayek fue socialista y atacó al liberal Luwing von Moses hasta que leyó su libro sobre el socialismo y cambió, de un día a otro, totalmente su discurso, convirtiéndose es su discípulo y azote de Keynes y sus trabajos. Sin mucho éxito hay que decirlo, durante los años 30, en que fue una y otra vez superado. Lo de que “fue el primero en predecir la crisis del 1929” es una afirmación carente completamente de base, perteneciente a la famosa mitología que los poderes facticos están tan interesados en propalar.
Muchos economistas, socialistas y de otros campos, predijeron en los alegres años 20, lo que se avecinaba, como también lo han hecho sobre la burbuja especulativa inmobiliaria y del mercado de valores, alimentada precisamente por los ultra liberales, aprovechando las carencias regulatorias. El mismo Alan Greenspan avisó en más de una ocasión sobre exuberancia irracional de los mercados.
Hayek recibió el premio Nobel de economía en 1974, cuando ya las ideas del ultra liberal y todo poderoso Milton Friedman estaban de máxima moda, a pesar de los estragos a los que han contribuido (te repito, los bancos de inversión, que son los menos regulados, son los que han originado más daños). El mismo Friedman, recibió el Nobel dos años después.
Por cierto, la primera obra de Luwing La teoría monetaria y el ciclo económico, se publicó en el 1929 y es en ella en la que establece las consecuencias de la extensión de crédito no respaldada por ahorro previo, lo que me parece acertado. Contiene, empero, puntos erróneos, que no es momento de analizar ahora.
Humildemente diré que me parece increíble que te atrevas a mencionar el tema de la Gran Depresión, ejemplo prototípico de los males que se siguen de la ausencia absoluta de mecanismos regulatorios adecuados. El pánico, dejado campar a sus anchas, ocasionó el una reacción en cadena de consecuencias desastrosa para la economía. Herber Hoover con medidas proteccionistas equivocadas y después inactividad absoluta, ocasionó su profundización. Del 1929 al 1934, el PIB descendió más del 68% y el paro alcanzó al 25% de la población, POR NO APLICAR MEDIDAS DE REACTIVACIÓN económica. El 4 de marzo del 1933, entró por fin una figura de de talla histórica a la presidencia, Franklin Delano Roosevelt, iniciando el “New Deal” que le valió ser tildado de traidor a su clase.
Promulgó “Emergency Banking Act”, “Federal Emergency Relief Act”, “National Industrial Recovery Act”, “The Fair Labor Standard Act” (poniendo limite a las horas trabajadas y estableciendo un salario mínimo). Además, inicio la legislación que se convertiría en el Sistema de Seguridad Social.
Para ello se tuvo que enfrentar con americanos muy poderosos, que habían permanecido impasibles viendo como más de 30 millones de sus compatriotas permanecían en paro sin ningún tipo de apoyo económico. Entre ellos el fundador de General Motors, Du Ponts, que junto a los magnates del petróleo fundaron la “Liberty League para oponerse a sus planes.
En resumen, si no hubiera sido por él y por su acción decidida, la crisis podría haber durado no sé sabe cuántos años más.
Estimado Largoplazo, puede uno defender lo que crea conveniente, pero cuando están en juego grandes sufrimientos, conviene analizar con seriedad los hechos.
Claro, que es natural que ahora que los acontecimientos recientes han dejado a los ultra liberales en “pelotas picadas”, por las nefastas consecuencias que sus recetas anti regulatorias y del “todo vale para los poderosos”, nos salgan con la tesis de que ellos ya lo habían avisado, a pesar de que la inmensa mayoría de los grandes especuladores, profesan su misma ideología y probablemente, la seguirán profesando.
Saludos.
El estudio de la Gran Depresión es uno de esos casos que resaltan la importancia del conocimiento de la historia para evitar, o al menos alertar sobre errores futuros. Pero tal y como nos enseñó Ludwig von Mises, el estudio de la historia debe ir acompañado de la teoría, en este caso, económica.
Desgraciadamente, y a pesar de varios monográficos sobre el tema (de Rothbard, Robbins), todavía hoy se considera a la Gran Depresión americana como un “fracaso del mercado” o una consecuencia inevitable del capitalismo de corte laissez-faire. Todavía sigue constituyendo una excusa histórica para aumentar la intervención económica y aumentar el poder del Estado, siendo una de las bases del actual Estado del Bienestar.
Muy al contrario de la “versión oficial”, pensadores austriacos (para ver un resumen de las principales explicaciones de la depresión, pulse aquí http://www.hayek.org.ar/new/images/revistas/Revista%20EAE%20No%204.pdf ) han ofrecido una interpretación muy diferente de lo ocurrido, desplazando el presunto “fracaso del mercado” al fracaso de la intervención económica en varias de sus formas. Uno de ellos, el recientemente fallecido Hans Sennholz, dividió la crisis en cuatro fases que reproduzco a continuación, añadiendo los errores cometidos entre paréntesis en cada una de ellas:
Ciclo Económico, 1921-1929 (manipulación monetaria y malas deudas): la recién creada Reserva Federal (Fed) expandió la oferta monetaria brutalmente durante la década de los años 20, creándose malas deudas que no eran sostenibles en el tiempo. Así se originó un auge económico, sustentado en las arenas movedizas de la política monetaria expansiva, lo cual generó la conocida burbuja de los activos financieros que pinchó en 1929. Fue en ese año cuando se paralizó la expansión crediticia y las consecuencias de las medidas suicidas de la Fed salieron a la luz, a pesar de que los austriacos Mises y Hayek ya alertaron de los peligros que se avecinaban. En octubre de 1929 tuvo lugar el célebre crash bursátil, alentado, según algunas fuentes, por fuertes rumores acerca de la aplicación de una ley fuertemente proteccionista, la Ley Arancelaria Smoot-Hawley, aprobada finalmente en 1930.
Desintegración económica, 1929-1933 (proteccionismo exacerbado, subidas de impuestos, etc.): en estos cuatro años, las políticas del republicano (supuestamente partidario del laissez-faire, según se dice) Herbert Hoover no hicieron más que agravar la crisis, disparándose el desempleo del 8% de la población activa en 1930 al 15% en 1931. Las medidas que aplicó consistieron básicamente en acabar con el libre comercio internacional a través de leyes arancelarias (como la ya comentada) y restricciones varias e incrementar la presión fiscal del 16% al 29% del producto privado neto, según estimaciones de Rothbard.
New Deal de Roosevelt, 1933-1937 (planificación económica, aumento gasto público y más impuestos): el plan salvador de la aguda crisis de la economía americana llegó con Roosevelt, que empeoró las cosas todavía más merced a sus ansias planificadoras: controles de precios, salarios mínimos, altas regulaciones sobre horas y condiciones de trabajo, reducción de la oferta agrícola (destruyéndose cosechas y ganado para mantener los precios de los agricultores), aumento de varios impuestos y expansión notable del gasto público, en forma de grandes obras públicas. El desempleo alcanzó su máximo en el 25%, pero afortunadamente dos de las medidas estrella del New Deal, a saber, la Ley de Recuperación Nacional, NRA (en la industria) y la Ley de Asistencia a la Agricultura, AAA, fueron consideradas inconstitucionales por el Tribunal Supremo, entre 1935 y 1936, por lo que la tasa de desempleo descendió hasta el 14% en 1936.
Ley Wagner, 1937-1941 (no aprender de los errores): esta nueva ley supuso un nuevo revés para la recuperación económica, imponiendo nuevos controles e impuestos, mayores salarios mínimos y reforzando el poder de los sindicatos, quienes no dudaron en usarlo mediante amenazas, boicots, y huelgas. Así, el desempleo volvió a repuntar, hasta el 20% en 1940.
Finalmente, Estados Unidos entró en guerra en plena crisis, convirtiéndose en una economía dirigida hasta su final, tras el cual el país pudo salir definitivamente de la tan prolongada depresión (véanse los artículos de Robert Higgs criticando la idea de que fue la guerra la que salvó al país norteamericano: 1, 2).
En la actualidad vivimos en una coyuntura muy delicada, que podría guardar algún paralelismo con los acontecimientos arriba descritos. En efecto, la existencia de unos tipos de interés artificialmente bajos años atrás produjo la creación de nuevo crédito que afluyó a inversiones (especialmente al mercado inmobiliario y de valores) que no se hubieran realizado de no haberse actuado de forma irresponsable desde las autoridades monetarias. Es decir, estas nuevas inversiones eran insostenibles en el tiempo, ya que el proceso de expansión monetaria debe acabar tarde o temprano. Y cuanto más se retrase el final, peor será la subsiguiente crisis, periodo inevitable, en el cual aquellas malas inversiones realizadas se muestran no rentables, y deben liquidarse. Este proceso de ajuste, que repito, es inevitable, debería facilitarse, y no tratar de retrasarlo con mayores intervenciones en el funcionamiento del libre mercado.
Se podrían extraer varias lecciones de la Gran Depresión. En primer lugar, Mises y Hayek demostraron contar con una teoría económica con un poder predictivo mucho mayor que el de otros economistas más prestigiosos que ellos, como Keynes o Fisher. Esto fue debido en parte porque estos últimos centraban su atención de análisis en el índice de precios, es decir, un agregado macroeconómico, mientras que los primeros examinaban las variaciones de los precios relativos de los distintos bienes (siguiendo la taxonomía mengeriana de bienes más alejados o cercanos al consumo). De hecho, durante la década de los 20 el índice general de precios apenas se modificó, con lo que para Keynes y Fisher todo estaba en orden, tanto que este último predijo unas semanas antes del crash bursátil que la bolsa seguiría subiendo. Por tanto, esto nos podría dar la idea de la insuficiencia teórica de las enseñanzas surgidas a partir de estos economistas, y de la gran capacidad predictiva de la economía austriaca, que podría revelar la mayor corrección del aparato teórico desarrollado por los austriacos.
Por último, en nuestra situación actual es muy necesario recordar por qué se produjo la Gran Depresión, pero sobre todo, dado que la crisis parece inevitable, por qué se alargó durante tantos años. Se debería aprender de los errores cometidos a partir del crash bursátil para evitar que se empeore la situación todavía más. No es ésta una época propicia para experimentos planificadores ni medidas demagógicas como las que llevaron a cabo Hoover y Roosevelt. Sin embargo, me temo que mucho tendrían que cambiar las cosas para que se aplique la sensatez y prudencia en las políticas económicas. Pero, por favor, ¡aprendan de una vez de sus errores!
presunto “fracaso del mercado” al fracaso de la intervención económica en varias de sus formas. Uno de ellos, el recientemente fallecido Hans Sennholz, dividió la crisis en cuatro fases que reproduzco a continuación, añadiendo los errores cometidos entre paréntesis en cada una de ellas:
Ciclo Económico, 1921-1929 (manipulación monetaria y malas deudas): la recién creada Reserva Federal (Fed) expandió la oferta monetaria brutalmente durante la década de los años 20, creándose malas deudas que no eran sostenibles en el tiempo. Así se originó un auge económico, sustentado en las arenas movedizas de la política monetaria expansiva, lo cual generó la conocida burbuja de los activos financieros que pinchó en 1929. Fue en ese año cuando se paralizó la expansión crediticia y las consecuencias de las medidas suicidas de la Fed salieron a la luz, a pesar de que los austriacos Mises y Hayek ya alertaron de los peligros que se avecinaban. En octubre de 1929 tuvo lugar el célebre crash bursátil, alentado, según algunas fuentes, por fuertes rumores acerca de la aplicación de una ley fuertemente proteccionista, la Ley Arancelaria Smoot-Hawley, aprobada finalmente en 1930.
Desintegración económica, 1929-1933 (proteccionismo exacerbado, subidas de impuestos, etc.): en estos cuatro años, las políticas del republicano (supuestamente partidario del laissez-faire, según se dice) Herbert Hoover no hicieron más que agravar la crisis, disparándose el desempleo del 8% de la población activa en 1930 al 15% en 1931. Las medidas que aplicó consistieron básicamente en acabar con el libre comercio internacional a través de leyes arancelarias (como la ya comentada) y restricciones varias e incrementar la presión fiscal del 16% al 29% del producto privado neto, según estimaciones de Rothbard.
New Deal de Roosevelt, 1933-1937 (planificación económica, aumento gasto público y más impuestos): el plan salvador de la aguda crisis de la economía americana llegó con Roosevelt, que empeoró las cosas todavía más merced a sus ansias planificadoras: controles de precios, salarios mínimos, altas regulaciones sobre horas y condiciones de trabajo, reducción de la oferta agrícola (destruyéndose cosechas y ganado para mantener los precios de los agricultores), aumento de varios impuestos y expansión notable del gasto público, en forma de grandes obras públicas. El desempleo alcanzó su máximo en el 25%, pero afortunadamente dos de las medidas estrella del New Deal, a saber, la Ley de Recuperación Nacional, NRA (en la industria) y la Ley de Asistencia a la Agricultura, AAA, fueron consideradas inconstitucionales por el Tribunal Supremo, entre 1935 y 1936, por lo que la tasa de desempleo descendió hasta el 14% en 1936.
Ley Wagner, 1937-1941 (no aprender de los errores): esta nueva ley supuso un nuevo revés para la recuperación económica, imponiendo nuevos controles e impuestos, mayores salarios mínimos y reforzando el poder de los sindicatos, quienes no dudaron en usarlo mediante amenazas, boicots, y huelgas. Así, el desempleo volvió a repuntar, hasta el 20% en 1940.
Finalmente, Estados Unidos entró en guerra en plena crisis, convirtiéndose en una economía dirigida hasta su final, tras el cual el país pudo salir definitivamente de la tan prolongada depresión (véanse los artículos de Robert Higgs criticando la idea de que fue la guerra la que salvó al país norteamericano: 1, 2).
En la actualidad vivimos en una coyuntura muy delicada, que podría guardar algún paralelismo con los acontecimientos arriba descritos. En efecto, la existencia de unos tipos de interés artificialmente bajos años atrás produjo la creación de nuevo crédito que afluyó a inversiones (especialmente al mercado inmobiliario y de valores) que no se hubieran realizado de no haberse actuado de forma irresponsable desde las autoridades monetarias. Es decir, estas nuevas inversiones eran insostenibles en el tiempo, ya que el proceso de expansión monetaria debe acabar tarde o temprano. Y cuanto más se retrase el final, peor será la subsiguiente crisis, periodo inevitable, en el cual aquellas malas inversiones realizadas se muestran no rentables, y deben liquidarse. Este proceso de ajuste, que repito, es inevitable, debería facilitarse, y no tratar de retrasarlo con mayores intervenciones en el funcionamiento del libre mercado.
Se podrían extraer varias lecciones de la Gran Depresión. En primer lugar, Mises y Hayek demostraron contar con una teoría económica con un poder predictivo mucho mayor que el de otros economistas más prestigiosos que ellos, como Keynes o Fisher. Esto fue debido en parte porque estos últimos centraban su atención de análisis en el índice de precios, es decir, un agregado macroeconómico, mientras que los primeros examinaban las variaciones de los precios relativos de los distintos bienes (siguiendo la taxonomía mengeriana de bienes más alejados o cercanos al consumo). De hecho, durante la década de los 20 el índice general de precios apenas se modificó, con lo que para Keynes y Fisher todo estaba en orden, tanto que este último predijo unas semanas antes del crash bursátil que la bolsa seguiría subiendo. Por tanto, esto nos podría dar la idea de la insuficiencia teórica de las enseñanzas surgidas a partir de estos economistas, y de la gran capacidad predictiva de la economía austriaca, que podría revelar la mayor corrección del aparato teórico desarrollado por los austriacos.
Por último, en nuestra situación actual es muy necesario recordar por qué se produjo la Gran Depresión, pero sobre todo, dado que la crisis parece inevitable, por qué se alargó durante tantos años. Se debería aprender de los errores cometidos a partir del crash bursátil para evitar que se empeore la situación todavía más. No es ésta una época propicia para experimentos planificadores ni medidas demagógicas como las que llevaron a cabo Hoover y Roosevelt. Sin embargo, me temo que mucho tendrían que cambiar las cosas para que se aplique la sensatez y prudencia en las políticas económicas. Pero, por favor, ¡aprendan de una vez de sus errores!
Largoplazo,
No trataré de convencerte de nada, porque de tu respuesta entiendo perfectamente que el intento es inútil. Estas soltando los panfletos de la escuela de Viena, como si fueran artículos de fe.
Por favor, no trates de confundir a la gente. Los motivos son opinables (por más que el análisis riguroso dé indicios más que fiables), pero las cifras y los hechos hay que respetarlos. Todavía hay por ahí mucha gente que asegura que los Nazis no exterminaron ningún judío, por más que las pruebas de las masacres sean irrefutables.
El final de la primera Guerra Mundial pocos países tenían el patrón oro. Los ingleses y estadounidenses, para ganar estatus empujaron su uso y numerosos países acordaron hacerlo, unos devaluando y otros manteniendo el cambio previo al conflicto. El problema estaba en las enormes cantidades de dinero creadas en la guerra, que impedían volver al oro sin una gran devaluación o bajada de los precios. Solamente los norteamericanos cubrían más del 40% de las reservas de oro disponibles.
Se decidió que Estados Unidos y Gran Bretaña, cuyos sistemas estaban basados en el patrón oro, garantizaran el sistema global a base de que los otros países que se adhirieran mantuvieran grandes reservas de dólares y libras esterlinas, en sus reservas.
La demanda de oro se disparó en países como Francia, con monedas muy devaluadas, que importaron grandes cantidades de oro, al retornar al patrón en 1928, compensado por exportaciones muy favorecidas por su moneda devaluada.
Ese mismo año, la Reserva Federal elevó el tipo básico de referencia, para evitar la fuerte demanda extranjera de oro y tratar de enfriar de paso la especulación rampante en los mercados. El flujo de oro cambió rápidamente, acumulando los estadounidenses cantidades crecientes. El resto de los países, contraatacaron con políticas deflacionarias, para tratar de contrarrestar las salidas de oro. Esas políticas, diseñadas para reducir la actividad económica, consiguieron su objetivo y contribuyeron decisivamente a la Gran Depresión global. La contracción económica, precipitó el colapso del mercado bursátil de octubre del 1929, que si no fue la causa, si contribuyo de modo capital a profundizarla.
En la mayoría de los países (Los Nórdicos, Francia, Gran Bretaña, Canadá…) la depresión fue menos severa y finalizo el año 1931, entre otras razones, porque abandonaron el patrón oro antes.
La contracción estadounidense duró desde el verano del 1929 hasta el primer trimestre de 1933, en cuyo periodo el PIB real (deflación considerada) cayó un 30.5%, los precios al por mayor, 30,8% y los precios al consumo 24,4%. La producción industrial cayó un 36% entre 1929 y 1930 y otro tanto del 1930 al 1931. Los salarios, contrariamente, se mantuvieron invariables, así como los dividendos repartidos en 1930, a pesar de que los beneficios pasaron de 2800 millones de dólares en 1929 a pérdidas de 2600 millones el 1930.
Las quiebras bancarias se sucedieron durante los años 1930 y 1931, año en que Gran Bretaña abandonó el patrón oro y forzados por las salidas masivas de oro, la Reserva Federal inicio agresivas subidas de la tasa de descuento para evitarlas, asumiendo que los países que mantenían reservas en dólares por los acuerdos de garantía, viendo venir el abandono del patrón y la pérdida (o fuerte devaluación) de las mismas probablemente vendieran dólares para comprar oro estadounidense. La subida de tuvo el efecto de aumento de confianza en el dólar deseado, pero naturalmente ocasionó quiebras industriales y bancarias masivas.
Reserva Federal no inicio compras en el mercado (modestas, además) hasta finales de la primavera del año 1932.
Roosevelt entró como presidente en 1933 con 12 millones de parados (25% de la población activa) que algunos lo sitúan más de 15 millones, pues muchos no computados trabajaban sólo unas horas. Por no hablar del estado del campo.
Entre 1929 y 1933 habían quebrado 10.763 bancos comerciales de un total de 24.970 existentes y la oferta monetaria estaba en un 31% de la existente en 1929.
Roosevelt termino con la posibilidad de los ciudadanos de cambiar dólares por oro y declaró unas vacaciones nacionales bancarias y a su final, consiguió la recuperación de la confianza, iniciando la recuperación de la larga crisis bancaria desde abril a septiembre de 1933.
En dos fases (1936 y 1937) la Reserva Federal dobló los requerimientos de dinero de las reservas bancarias.
En junio del 1937, hay un bache en la recuperación, que había reducido el paro, del 25% a la toma del poder por Roosevelt a un 12%. El bache se produjo principalmente como consecuencia de una política monetaria excesivamente dura.
En junio del 1938 se reanuda el crecimiento pero muy lento. El desempleo había subido al 19,1%, siendo la media del año 1937 del 14.3%. El 1940 se situaría todavía en el 14,6%.
La mayoría de lo escrito es resumen sacado de: http://www.econlib.org/library/Enc/GreatDepression.html
Son datos objetivos. No propaganda de unos señores que a estas alturas quieren volver al patrón oro y cuyas recetas no intervencionistas a ultranza, seguidas por muchos depredadores sin escrúpulos, han puesto al mundo al borde del abismo en que nos encontramos.
La historia ha demostrado que el patrón oro no es solución de los problemas a los que conduce la falta de principios y la codicia de desaprensivos, no contrapesadas por una regulación adecuada que, prevenga de los estragos causados por esas tendencias dejadas campar a sus anchas.
Por no hablar de las dificultades prácticas que entrañaría acaparar el oro suficiente para tal fin.
En cualquier caso, hay que reconocer que es una solución más avanzada que la vuelta al trueque con conchas marinas u otras propuestas revolucionarias similares de algunas sectas.
Te recomiendo que leas el excelente trabajo del presidente de la Reserva Federal Ben S. Bernanke
Nonmonetary Effects of the Financial Crisis in Propagation of the Great Depression
Ben S. Bernanke
American Economic Review, 1983, vol. 73, issue 3, pages 257-76
Sobre teorías puedes naturalmente defender lo que quieras. Pero por favor, no falsees las cifras y los hechos, para vendernos la moto.
Y menos después de la que está cayendo.
Saludos.
No Macrons,
Hay muchos tipos de patrón oro, así que habría que explicar a qué patrón oro nos estamos refiriendo cuando se lo critica.
En el 1929 no había un patrón oro clásico, sino un patrón de cambios oro o de divisas oro. El dólar y la libra eran equivalentes al oro para los bancos centrales de Francia y Alemania, lo que aceleró la expansión crediticia mundial y la crisis posterior (el banco de Francia, por ejemplo, quedó descapitalizado cuando Inglaterra abandonó la convertibilidad en el 31).
Por otro lado Bretton-Woods impone una convertibilidad limitada. Sólo los bancos centrales extranjeros pueden acudir a la Reserva Federal para exigir la conversión de sus tenencias de dólares en oro. Pero al menos, la Fed responde ante alguien y no puede expandir continuamente sus pasivos sin, al mismo tiempo, aumentar en cantidad y calidad sus activos (oro).
Por tanto, para mi el patrón oro no es un remedio contra el desempleo, sino contra las crisis.
Como te he dicho antes hay muchos tipos de patrón oro, así que habría que explicar a qué patrón oro nos estamos refiriendo cuando se lo critica.
Tipos de patrón oro, que van de una mayor a una menor disciplina:
- Convertibilidad en oro de los billetes emitidos por el banco central y circulación (libertad de acuñación) de monedas de oro.
- Convertibilidad en oro de los billetes.
- Convertibilidad limitada en oro (sólo en lingotes) de los billetes.
- Convertibilidad en oro de los billetes sólo para bancos centrales extranjeros.
- Convertibilidad en oro sólo de un tipo de billete y para los bancos centrales extranjeros (Bretton-Woods)
- Mantenimiento de reservas de oro respaldando los billetes pero sin posibilidad de conversión (sistema actual).
Desde luego, soy partidario de volver a la plena convertibilidad de los billetes en oro y en volver a abrir las casas de acuñación. Sólo así pondremos coto a expansiones crediticias descontroladas como las que hemos vivido en los últimos años.
Tercero, el patrón oro convivió con otra serie de regulaciones que pudieron ser las culpables reales de las crisis que se estaban produciendo (por ejemplo, el privilegio de endeudarse a corto invirtiendo a largo con limitación de responsabilidad).
Cuarto, yo no he dicho que el patrón oro sea una solución total a cualquier crisis, sino que es el mejor instrumento para limitarlas. Es más, su ausencia, lejos de estabilizar el sistema lo agrava de mala manera. Te dejo unas reflexiones que vienen al pelo para explicar por qué, si bien la presencia del oro no es el remedio definitivo contra nada, su ausencia sí es una garantía de desastre.
La quiebra de Bear Stearns y el rescate posterior de la Fed no hacen más que reflejar los puntos más débiles del sistema financiero actual. La Reserva Federal se creó en un comienzo siguiendo las directrices del teórico de la banca central Walter Bagehot, según las cuales era conveniente que hubiese una entidad que como último recurso descontara los activos más líquidos de los bancos. De esta manera, la liquidez del sistema financiero quedaba asegurada.
A los pocos años, sin embargo, la Fed comenzó a prestar contra casi cualquier tipo de activo de los bancos, permitiéndoles endeudarse a corto plazo, prestar a largo y refinanciarse decontando estos activos a largo plazo en la Fed.
A partir de aquí el sistema fue volviéndose cada vez más ilíquido, ya que los pasivos(deudas) de los bancos vencían cada vez más pronte mientras que sus activos(ingresos) se rentabilizaban cada vez más tarde. La Gran Depresión no fue más que la primera gran crisis moderna de liquidez inducida por un banco central y agravada por nefastas políticas públicas.
Vemos, por consiguiente, cómo la creación de la Fed, que pretendía facilitar la liquidez del sistema, terminó convirtiéndose en un modo de incentivar su iliquidez.
Pero los errores de la confección del sistema financiero no terminaron aquí. En los años 70 se abandonó Bretton-Woods, el último resquicio del rigor monetario. Extinguido el patrón oro, el dólar pasó a estar respaldado únicamente por activos ilíquidos de mayor o menor solvencia (como la deuda pública) que la Fed utilizaba para tratar de defender el valor del billete verde en los mercados internacionales.
Una vez la Fed consiguió frenar el riesgo hiperinflacionario de la crisis de los 70, EEUU comenzó a exportar dólares al extranjero como activo de reserva y su equilibrio exterior se convirtió en el déficit corriente más grande del mundo. El Tesoro, a su vez, pudo endeudarse masivamente gracias a la monetización de la deuda que posibilitaba la Fed y las adquisiciones de los tenedores extranjeros de dólares.
Los bancos comerciales, a su vez, han podido descontar con mayor facilidad sus activos, ya que los pasivos de la Fed ya no estaban constreñidos por su capacidad para convertirlos en oro. De esta manera, el sistema ha terminado por degenerar en una completa iliquidez, donde los bancos deben renovar diariamente sus deudas a corto plazo para lograr caja con la que efectuar sus operaciones.
Si el Northern Rock quebró porque no fue capaz de restituir los créditos a la vista de sus depositantes, Bear Stearns quebró (o estuvo al borde de hacerlo) porque no fue capaz de renovar las deudas a corto plazo que mantenía con sus prestamistas .
Dado que la iliquidez necesariamente debe terminar en una enajenación forzosa de los activos a largo plazo a unos precios de descuento que no son capaces de cubrir las deudas pendientes (insolvencia), la Fed decidió rescatar al banco haciendo uso de unos activos que debería utilizar para defender el valor del dólar.
Dicho de otro modo, el entramado financiero actual concede a la Fed (y otros bancos centrales) un papel preponderante para alargar la iliquidez de los bancos hasta límites insospechados (e inalcanzables bajo un patrón oro) que eventualmente degenerará en insolvencia de estas entidades, momento en el que forzará al resto de estadounidenses a rescatar a los bancos mediante inflación o impuestos.
Por supuesto la quiebra de un gran banco puede tener graves consecuencias sobre el resto de la economía. Pero no es razonable que la misma institución (Banco Central) que genera la condiciones óptimas para que los bancos quiebren a medio o largo plazo se erija responsable de rescatar al sistema finaciero de esas quiebras. El sistema financiero está corrupto desde el momento en que tiende a generar su propia iliquidez.
El papel de la Fed en el rescate de Bear Stearns debe contemplarse en toda su extesión. Si un individuo coloca una bomba de relojería en un tren, no debería dársele las gracias si más tarde decide desconectar un vagón y salvar la vida del resto de pasajeros del tren.
Con las normas financieras actuales, habrá más Bear Stearns y no parece lógico que todos los ciudadanos deban financiar las inversiones imprudentes de los bancos y la Fed.
Entonces la escuela austriaca elige el oro
A lo largo de varios siglos de evolución, los agentes del mercado elevaron al oro como el dinero por excelencia, esto es, el activo último de compensación de deudas. No fue un proceso de selección accidental o arbitrario, sino consecuencia de que el oro cumplía, mejor que cualquier otro bien económico, las propiedades que se le exigen al dinero.
Propiedades,que cumple el oro frente a las propiedades del papel
Propiedades del Papel: Aunque pueda parecer que hoy en día vivimos en un patrón papel, lo cierto es que el valor de los billetes está sustentado por los activos del banco central. En ausencia de este respaldo de facto, el papel es un muy mal dinero. Tiene un bajísimo valor unitario, lo que eleva enormemente los costes del transporte y de almacenamiento; se estropea al contactar con el agua; pueden destruirse por numerosas circunstancias, como un incendio; y sobre todo, puede elevarse su proporción stock/flujo de manera muy rápida. De hecho, el ejemplo más claro de cuando el papel se usa como patrón monetario son las hiperinflaciones.
Propiedades del Oro:
Demanda previa: Desde el principio de los tiempos, el oro ha tenido una fuerte demanda ornamental en casi todas las civilizaciones de la historia. Esto permitió utilizarlo desde muy temprano como un medio adecuado para conservar la riqueza.
En India, por ejemplo, se instituyó la costumbre, con ramificaciones religiosas, de atesorar buena parte de su renta en forma de joyas para la mujer y las hijas. Y es que en el hinduismo, a la diosa Lakshmi, consorte de Vishnú y símbolo de la fertilidad y la prosperidad, se la representa engalanada de oro y con monedas doradas brotando de sus manos. Por este motivo, las joyas concedían prestigio social a la familia y les permitían conservar e incrementar su patrimonio (la adquisición de joyas de oro era un modo de reprimir la tentación de prodigalidad, dado que su enajenación se consideraba una tacha social, salvo en momento de gran necesidad). Uno de los usos más importantes a este respecto lo adquirió en la ceremonia del matrimonio. Debido a que la herencia sólo podía trasmitirse a los varones, las familias vestían a las novias con ornamentos dorados a modo de donación inter vivos. Además, estas joyas permanecían bajo el control de las esposas, sin que sus maridos pudieran enajenarlas. Así, los padres garantizaban una riqueza mínima intocable a sus hijas.
Hoy en día el oro sigue conservando esa fuerte demanda en joyería; cerca del 70% de toda la producción anual va destinada a esta finalidad (2400 toneladas en 2007), si bien hay que tener en cuenta que buena parte de ese 70% va destinado a los ornamentos hindúes, que tienen una finalidad subyacente claramente monetaria. Y ha incorporado otros usos industriales como en la electrónica (300 toneladas en 2007) o la odontología (58 toneladas), debido a su alta conductividad y baja toxicidad. Pero además, contrariamente a lo que creen los defensores del dinero fiduciario, el abandono del patrón oro ha incrementando la demanda dineraria de este metal (650 toneladas en 2007): ha habido una fuga patrimonial hacia el atesoramiento individual de oro en la medida en que ya no puede confiarse en el papel moneda como depósito de valor.
Accesibilidad: La accesibilidad geográfica del oro ha sido muy grande debido a que sus minas se hallaban repartidas por todos los continentes del planeta. Además la redistribución geográfica del oro producido ha sido posible gracias a sus propiedades físicas, que facilitan su conservación, y a su elevado valor unitario que elevaba la eficiencia de su trasporte (se podían movilizar grandes cantidades de valor en poco espacio). Desde mediados del siglo XIX, Sudáfrica se ha convertido en el mayor productor de oro del mundo, pero gracias a los nuevos medios de comunicación, la accesibilidad geográfica es casi absoluta, con independencia del lugar de producción.
En todo caso, la invención de las letras de cambio y de las cámaras de compensación internacionales redujo enormemente la necesidad y los costes de transporte.
Facilidad de transformación: El oro es el metal más dúctil y maleable de todos, lo que facilita su transformación en piezas homogéneas. Su dureza (2,5 en la escala de Mohs) es lo suficientemente baja como para poder rayar el metal y efectuar inscripciones (acuñación) pero lo suficientemente alta como para evitar su desgaste en el tráfico diario. Su punto de fusión está en 1.064 grados centígrados, temperatura que puede alcanzarse con relativa facilidad en un horno, incluso con carbón vegetal, pero que es lo suficientemente alta como para resistir las condiciones ambiente de la tierra.
Atesorabilidad: El oro puede atesorarse con seguridad debido a que no perece ni se descompone, puede reconstruirse con facilidad en caso de deformación (por ejemplo mediante su fusión y reacuñación), es difícil de corroer (no le afectan los agentes corrosivos más comunes como la humedad, el calor o el aire e incluso resiste el ácido sulfúrico) y su elevado valor unitario reduce los costes de almacenamiento. Actualmente el oro es muy fácil de desatesorar debido a la facilidad de transformación. Sin embargo, hasta mediados del siglo XIX, su alto valor unitario hacía que fuese muy costosa su división en unidades lo suficientemente pequeñas para atender al tráfico diario. De ahí que coexistiera el doble estándar monetario entre el oro y la plata: el oro se utilizaba para conservar el valor y efectuar grandes transacciones y la plata como medio de pago común. Los avances de la metalurgia en el siglo XIX, permitieron reducir el oro a unidades molares (1,96 gramos o aproximadamente una dieciseisava parte de onza) de forma económica, lo que provocó la desmonetización de la plata. Baste señalar que durante el siglo XIX la plata solía ser doce veces más barata que el oro, mientras que hoy es unas 60 veces más barata.
Escasez relativa: Todo el oro que se ha extraído de las minas a lo largo de la historia de la humanidad sigue existiendo: se calcula que aproximadamente hoy en día hay 160.000 toneladas de oro. La producción anual apenas alcanza las 2.500 toneladas, lo que significa que el stock de oro se incrementa sólo un 1,5% al año. Además, este ratio debe ser matizado en dos sentidos: a) una parte de esa producción va destinada a la joyería y b) durante los últimos 50 años la producción de oro ha sido desproporcionadamente elevada (la mitad de todo el stock de oro se ha extraído desde 1960), por lo que es posible que ya hayamos alcanzado un peak gold (la producción de oro alcanzó su máximo en 2001 y desde entonces viene decreciendo alrededor de un 0,5% al año. En otras palabras, el incremento anual del oro con fines monetarios es prácticamente despreciable, lo que pone coto a su depreciación inflacionaria.
Los monetaristas sin duda considerarán este bajo incremento anual de la “oferta monetaria” como un obstáculo para el crecimiento económico. Pero conviene recordar que el oro no tiene por qué usarse como medio de cambio (en ese sentido, las cámaras de compensación han superado desde hace años al oro en eficiencia), sino sólo como mecanismo para compensar los saldos acreedores netos.
El oro cumple de manera casi óptima con todas las características que lo califican como buen dinero.
Las hiperinflaciones bajo el oro
Aunque suele describirse la hiperinflación como un período de crecimiento de los precios a elevadas tasas, resulta más adecuado definirla como el proceso de desmonetización de un activo por el cual deja de cumplir su función de depósito de valor.
Las enormes subidas de precios asociadas a las hiperinflaciones son sólo una consecuencia de lo anterior: los activos desmonetizados comienzan a desatesorarse masivamente y a intercambiarse por cualesquiera otros activos, especialmente aquellos que conserven mejor el valor.
La hiperinflación, por tanto, equivale a la muerte de la moneda y destruye los patrimonios de quienes tenían saldos líquidos en esa moneda. Esta muerte de la moneda se produce siempre que sus propiedades sufren una degradación tan grande como para incentivar a sus tenedores a que adquieran otros activos que cumplan mejor estas propiedades.
Una de las propiedades más importantes del dinero era su escasez relativa, esto es, que la relación entre el stock atesorado de dinero y su producción anual fuera muy alta. De este modo se evita que se produzcan grandes oscilaciones en el valor del dinero que ponga en riesgo el valor de los patrimonios de sus tenedores.
Ya vimos que el oro era uno de los activos con una proporción stock/flujo más elevada: su stock está integrado por todo el oro extraído de las minas a lo largo de la historia de la humanidad. En principio, este enorme stock ofrece garantías de que el precio del oro no se hundirá por los aumentos anuales de su oferta; sin embargo lo mismo podría decirse del papel moneda: si se limita su emisión anual a una fracción del stock existente, su precio no tendría por qué experimentar grandes variaciones.
No obstante, hay una diferencia esencial entre los incrementos de la cantidad de oro y los incrementos de cantidad de papel moneda: al menos hasta el momento, la primera tiene una vinculación mucho más directa con el proceso productivo que la segunda. La extracción de oro necesita de trabajadores, maquinaria y recursos naturales que deben sustraerse de otros procesos productivos; por el contrario, una vez se dispone del equipo para producir papel moneda, el coste de producir una unidad adicional es prácticamente cero (no digamos ya en el caso de las monedas virtuales cuya existencia depende de una anotación contable).
¿Por qué esto es importante? Básicamente porque el señoriaje (la diferencia entre el valor adicional de una unidad monetaria y su coste marginal) del papel moneda sólo se vuelve negativo sólo cuando se ha destruido el sistema monetario, mientras que bajo el patrón oro el margen de señoriaje se extingue con bastante rapidez.
El incremento sostenido de la cantidad de oro implica que los mineros tendrán que percibir mayores salarios, que la amortización de la maquinaria minera se incrementará y que tendrá que avanzarse hacia las vetas de peor calidad. El coste marginal de producir oro es creciente ante incrementos en la cantidad de oro. En última instancia, el coste de producir una nueva onza de oro será superior a la propia onza, de modo que la explotación minera se cerrará hasta que se produzca un incremento del valor del oro o una caída en los costes (por ejemplo, mediante el hallazgo de vetas más accesibles o con el descubrimiento de tecnología más productiva).
En cambio, en un sistema de papel moneda, el coste marginal de producir un nuevo billete es prácticamente cero. Pueden producirse grandes cantidades adicionales de papel moneda sin necesidad de contratar nuevos trabajadores o adquirir nuevas imprentas. El margen de señoriaje sólo desaparece cuando el valor del papel moneda se acerca a su coste marginal, es decir, cero (lo que implica la desaparición del sistema monetario). Parafraseando a Mises, el señoriaje se agota cuando el valor del billete cae por debajo del valor del papel (Todo lo dicho sobre el papel moneda puede aplicarse, corregido y aumentado, para el caso del dinero virtual).
Las hiperinflaciones bajo el patrón oro, por consiguiente, tienden a abortarse de manera endógena, con o sin la participación del emisor de moneda (al menos, con el sistema productivo actual). Por el contrario, en un régimen de papel moneda la hiperinflación sólo puede detenerse a través de un compromiso claro y creíble del emisor para defender el valor de su billete (los llamados procesos de “estabilización” monetaria).
Por este motivo, el oro es un dinero mucho más seguro frente al riesgo de desmonetización que el papel moneda o el dinero virtual siendo, en este sentido, un mejor dinero.
Saludos
Largoplazo,
Podría estar una vida entera rebatiendo tus tesis, que con perdón, no pareces haber digerido del todo correctamente, de la escuela austríaca, pero francamente estoy ya cansado del juego.
Diré a modo de resumen que hay ya una amplísima base de datos empírica históricos para sustentar el modelo económico del libre mercado y establecer sus leyes de funcionamiento.
Desgraciadamente demasiados economistas las ignoran por completo y siguen los cantos de sirenas de grupos económicos poderosos, interesados en mantener ideas que favorecen sus intereses, o para ser más preciso, que creen erróneamente que les benefician, pues a la larga, les resultan también perjudicados.
La interpretación de Gene Smiley, de la universidad Marquette, perteneciente a los Jesuitas, la elegí, además de por su excelente documentación y visión no partidista, porque estaba disponible en la red y destrozaba las tesis del patrón oro como medio de prevenir crisis, ya que explica como contribuyo decisivamente a provocarla.
Como sospechaba, continuas impertérrito, después de la bochornosa manipulación de datos históricos que nos regalaste.
Prevenir crisis en la economía de mercado es tema complicado, pero la mejor manera de minimizarlas (si no evitarlas completamente) es aplicar las políticas macroeconómicas que ya se han demostrado correctas.
El problema en un mundo tan globalizado como el actual es que se deben orquestar organismos supranacionales que garanticen la armonización de la actuación regulatoria y de criterios, por lo menos hasta unos niveles mínimos, para impedir que los excesos de unos (sobre todo, si son jugadores fuertes), se trasladen a los demás.
Hay mucho trabajo que hacer, reformando y actualizando también instituciones ya existentes, que ahora muchas veces simplemente se limitan a mirar los toros desde la barrera, sin atajar la presión que se va acumulando delante de sus ojos.
Habrá también que orquestar mecanismos que impidan el escandaloso enriquecimiento de algunos, a costa de bienes básicos, como el derecho a una vivienda digna de los demás, fomentando al mismo tiempo burbujas especulativas muy peligrosas.
La presente crisis, con sus devastadoras consecuencias para millones de ciudadanos repartidos por todo el planeta (la inmensa mayoría de ellos completamente inocentes) debe ser el acicate para extraer las enseñanzas necesarias, que hagan imposible una repetición de iguales proporciones en los tiempos venideros.
Debemos de avanzar todos unidos hacia un mundo más solidario, más justo y más seguro.
Los resultados de seguir las recetas ultra-liberales han estallado, pero sus más firmes defensores, cuentan con un poder inmenso y no van a poner las cosas precisamente fáciles.
Habrá que estar bien atentos, porque nos intentarán vender las ideas más peregrinas, para retrasar lo más posibles medidas del todo necesarias.
Saludos.
Estoy de acuerdo con tu postura Macrons. Veo en Largoplazo las ideas muy bien aprendidas, los conceptos básicos aprendidos, pero sin ningún espiritu crítico sobre estas ideas, otorgádnoles el poder de ser únicas e irrebatibles. Esta crisis nos debe enseñar que ninguna idea preconcebida es irrebatible. Las circunstancias son muy importantes. EEUU el país abanderado del liberalismo con medidas muy proteccionistas. Un ejemplo claro.
Un saludo a ambos.
Aunque seamos de ideas contrarias, es un placer debatir con Macrons en temas de politicas económicas, el es partidario del monetarismo y de la doctrina keynesiana y yo del patrón oro y seguidor de la escuela austriaca.
Y con David Galan dialogamos y discutimos mucho sobre el análisis técnico y análisis fundamental. El prefiere guiarse por el análisis técnico y yo por el análisis fundamental.
Así con posturas diferentes creo que enriquecemos la web.
Saludos a ambos
Largoplazo
Hombre Largoplazo,
Decir que soy “partidario del monetarismo y de la doctrina keynesiana” es sólo cierto hasta cierto punto. Como el último Nobel de Economía Paul Krugman, se me puede considerar cercano a los neokeynesianos, en el sentido de que claramente considero a Keynes y sus aportaciones de una liga intelectualmente muy superior a la inmensa mayoría de los austriacos y otros economistas de la Universidad de Chicago, también premios Nobel, como el liberal Milton Friedman (Nuevo liberalismo) o Robert Lucas (perteneciente a la escuela Nueva Economía Clásica).
Las teorías Keynes no explican el fenómeno de la inflación, cuando se producen rebrotes inflacionarios fuertes y el paro-inflación se aparta de las predicciones de la curva de Phillips.
Milton Friedman tuvo, naturalmente, grandes aciertos. La imposibilidad de bajar (si no hay aumentos de productividad significativos de la productividad) de la tasa natural de paro, aplicando políticas expansivas, sin aumentar a medio plazo la inflación, está suficientemente avalada por datos empíricos.
Creo haber venido manteniendo de una manera muy clara, que el BCE se equivocaba no bajando tipos porque:
1º.- El aumento de la inflación era debido a la subida del precio del petróleo (no a recalentamiento económico).
2º.- Se acercaba una crisis gravísima -lo predije y no soy ni socialista ni de la escuela austriaca- que haría caer sin la menor duda dicho precio (como así está aconteciendo)
3º.- Tanto la tasa de paro natural no inflacionaria (NARU) como el PIB potencial (por no hablar de la masa monetaria) permitían bajar tipos en la eurozona sin problemas inflacionarios, aplicando el modelo que incorporaba las ideas de Friedman
No estoy de acuerdo, naturalmente, con las razones de Friedman para justificar la existencia de un nivel de paro natural, pero sí en su existencia, ya que los datos empíricos la avalan (tengo mis propias teorías muy distintas de su causa) y hay que tenerlo en cuenta en los modelos. El NARU no obstante varía como queda indicado, con la productividad y otros factores que no es el momento de explicar.
Tampoco coincido con su enfermiza obsesión con el papel del estado en la economía, que atacó en momentos con afirmaciones rayanas en la paranoia. Sus discípulos ultra-liberales, siguiendo sus enseñanzas extremaron aún mucho más su aversión a cualquier intervención, causando grandes daños.
En cuanto a lo del monetarismo, creo que está más que demostrada empíricamente la necesidad de mantener la masa monetaria adecuada al momento del ciclo, a través de diversos mecanismos, de los que el europeo y norteamericano actual, son el tipo de interés básico (nominal) de referencia y las actuaciones del BCE o FED en los mercados abiertos, captando o prestando dinero.
La fijación de un nivel máximo y su uso como excusa inviolable en cualquier circunstancia económica, es simplemente de locos.
La bajada del tipo de interés nominal de referencia es un medio de aumentar la actividad económica y reactivar la economía, pero tiene otra multitud de implicaciones, como son las referentes a la influencia sobre equilibrios monetarios, qué no trataré aquí.
Si diré, que el mantenimiento de políticas monetarias demasiado rígidas, ha causado estragos económicos históricos gravísimos. La reciente ceguera del BCE puede ser uno más.
Coincido con las tesis neokeynesianos, de que la mejor manera de salir de las grandes depresiones es potenciando (por parte estatal), políticas de gasto publico expansivas bien dirigidas a sectores que merezcan el coste de oportunidad del dinero invertido (pe. Infraestructuras, formación, nuevas tecnologías, investigación y desarrollo…).
No soy conocedor del análisis técnico, que con tanta maestría se practica en la casa (gracias David Galán por tu apoyo), y sí del análisis fundamental, que acometo con el máximo rigor posible. Lo que equivale a tener muy claras las ideas del entorno macro y su evolución temporal, pues es el medio en el que las empresas se desenvolverán y por tanto, acertar en su densidad es previo al cálculo del peso de cada sector (y empresas dentro de él), para así tratar de estimar futuros beneficios y probable PER de mis inversiones, que para ser absolutamente sincero, son a largo plazo (10-15 años) y podría muy bien ahorrarme el trabajo.
Agradezco de todos modos, Largoplazo, tu exquisita educación y siempre que nos ciñamos con rigor a las cifras objetivas, seguiremos discutiendo los desacuerdos (o posibles acuerdos), como buenos amigos.
Saludos.